Prefiero follar a mi madre que pagar una prostituta

Hacía ya tiempo que mi compañera de trabajo y yo habíamos hablado de quedar un día para tomar café. Ella se había separado hacía unos meses y desde ese momento estaba mucho más receptiva, es decir, que estaba más sonriente y me echaba unas miradas que si no eres muy tonto te das cuenta de que quiere «tema». Pues al fin llegó el día y cuando salimos de trabajar por la tarde fuimos a mi casa para supuestamente tomarnos un café y charlar. Lo hicimos, pero en cuanto acabamos no tuvimos ni que hablar porque a estas edades ambos sabíamos perfectamente cómo acabaría aquella cita.